Desde hace casi tres meses, mis ray-ban me acompañan a todas partes, y desde entonces, me vengo fijando en un detalle, la mayor parte de la gente que lleva gafas de marca, viste unos ejemplares de esta mítica marca norteamericana que en su día fue fundada por Bausch & Lomb en comisión con la fuerza área de Estados Unidos.
He de reconocer que desde hace años tenía en mente comprar unas, quizá desde aquel anuncio en el que aparecían vampiros y al amanecer, solo los elegidos (bueno, los que llevaban ray-ban), se salvaban de quedar reducidos a cenizas, mientras el incauto ser nocturno que había olvidado su ejemplar se lo llevaba el viento ante las sonrisas plagadas de colmillos de sus siniestros compañeros bebedores de sangre.
Tras recordar este anuncio (un clásico diría yo), solo comentar, que lo que empezó como un mal día (rompí mis anteriores gafas de sol al sacarlas del bolso y romper una patilla que se me había enganchado), fue el impulso necesario para cumplir uno de mis “sueños” de infancia.
He de reconocer que desde hace años tenía en mente comprar unas, quizá desde aquel anuncio en el que aparecían vampiros y al amanecer, solo los elegidos (bueno, los que llevaban ray-ban), se salvaban de quedar reducidos a cenizas, mientras el incauto ser nocturno que había olvidado su ejemplar se lo llevaba el viento ante las sonrisas plagadas de colmillos de sus siniestros compañeros bebedores de sangre.
Tras recordar este anuncio (un clásico diría yo), solo comentar, que lo que empezó como un mal día (rompí mis anteriores gafas de sol al sacarlas del bolso y romper una patilla que se me había enganchado), fue el impulso necesario para cumplir uno de mis “sueños” de infancia.
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