miércoles, 2 de julio de 2008

Expo Zaragoza 2008: Capítulo 1

Una semana después de mi primera visita al recinto de Ranillas y días antes de mi segundo paso por el acontecimiento del año en Aragón y porque no decirlo, de España, quería comentaros mis primeras experiencias con la Expo, recomendaros ciertos pabellones y empezar una seria de tres capítulos que verán la luz este verano.

Dieciséis años después, visito una exposición universal, ahora con más años y siendo más consciente, no sé si disfrutaré más o menos de estos tres días, que en Sevilla fueron consecutivos y en la cita zaragozana serán alternos con cansados viajes de ida y vuelta cada día.

Aprovechando la festividad de san Joan en Catalunya, Zaragoza era el destino. Mi bautizo en el AVE, era el medio para llegar a él. Una vez en la ciudad del viento, la cual por suerte para mi blanquecina piel amaneció con una capa de nubes que evitaron el enrojecimiento de las partes descubiertas de mi hercúleo cuerpo, crucé ese peculiar puente que lleva desde la estación de Delicias hasta el teleférico, el cual decidimos no coger y dar un breve paseo hasta las taquillas donde encontramos las primeras colas de la jornada, pero no las únicas, aunque si bien es cierto, las evitamos siempre que pudimos.

Curiosamente, un día festivo en Catalunya, la organización decidió que era la fecha idónea para celebrar el día de España. Para quien lo desconozca, cada día es el día de un país, y algunos días están acompañados por comunidades autónomas o los patrocinadores principales.

Como decía era el día nacional de nuestro país, y la familia real y ZP acudieron al evento, privándonos a los visitantes de disfrutar de los pabellones más emblemáticos de la exposición como el pabellón de España que permaneció cerrado durante toda la jornada.

La primera muestra de esta restricción la encontramos en el pabellón puente. Abierta solo la pasarela para acceder al recinto, miles de visitantes nos quedamos sin ver lo expuesto en el segundo piso de este carismático edificio.


Una vez hemos hablado de las autoridades pertinentes, pasaporte en mano, repasaremos los pabellones visitados en este día 24 de junio. Pero antes quiero hablaros del pasaporte de la Expo. Ya lo conocía de la Expo de Sevilla 92, se trata de un pasaporte como los que usas para viajar a países que no pertenecen a la UE, los sellos también son de países, pero no hace falta desplazarte físicamente al estado, sino que en cada pabellón, tienen un matasellos que ilustra este documento para el recuerdo. Además, no solo los pabellones de países tienen el suyo, sino que además, los pabellones temáticos disponen de esta marca identificativa.



Como el pasaporte lo tengo un poco desordenado para llenar huecos, comenzaremos por los pabellones temáticos.

El faro, pabellón de iniciativas ciudadanas: pabellón curioso donde los haya, construido con paja, madera y barro, este último material, le ha hecho ser bautizado como el botijo, puesto que la refrigeración del edificio, se debe al barro que actúa como en los tradicionales botijos donde se mantenía fresca el agua. El pabellón mostraba modos de ahorrar agua, de reciclar y no estaba muy a favor de las grandes construcciones que tengan que ver con el agua, como pueden ser los embalses. Situación algo contradictoria con las faraónicas presas expuestas en otros pabellones. A este pabellón, tendré que volver, puesto que al ser el primero, no vi el sello para el pasaporte, pero de las experiencias se aprende y en el resto de pabellones si no estaba visible, preguntaba por él. En su exterior, un pequeño recinto mostraba diversos inventos, como una cocina ecológica que se aprovechaba de la energía solar.

Sed: blanco en el exterior y oscuro en su interior. Esta oscuridad era para ver mejor los medios audiovisuales que nos mostraban una vez más la problemática de la falta de agua en algunos puntos del planeta. Tras estas imágenes y un baile del desierto ( que ya lo veréis en vivo si vais), nos dirigimos a un “paseo” que nos mostraba curiosidades sobre el agua, la falta de esta, y los inventos para suplirla y/o almacenarla.

Agua extrema: Probablemente el lugar más impactante en el que estuvimos en la jornada. También en el que más cola hicimos, dos horas y cuarto. ¡Maldito fast pas!, a Dios pongo por testigo que esto no volverá a ocurrir. Al fin y al cabo, en Sevilla, en el pabellón de la navegación estuve 4 horas haciendo cola para ver uno de los estandartes de la exposición dedicada al quinto centenario del descubrimiento de América. Bueno, tras hablar larga y tendidamente sobre las colas, vayamos al grano. Al entrar al pabellón hay unos leds q muestran información sobre catástrofes, a los cuales no hice mucho caso porque entré al pabellón sin ganas por la espera. Tras esto, nos brindan unos chubasqueros y varias pantallas muestran las recomendaciones a seguir dentro de la sala. Una vez dentro, con el chubasquero puesto, entramos a una sala de cine en la cual nos colocan una protección tipo atracciones de Port Aventura (como la del dragón Khan, no, es de las barras que se cierran contra tu cintura). De repente, empiezan a subir las butacas más de un metro y comienza un espectáculo de imágenes, movimiento, viento y sobre todo agua. La verdad que el chubasquero hace poco, porque yo salí con las piernas chupidas del cine donde representan catástrofes relacionadas con el agua como Biescas, el huracán Katrina y el tsunami de hace unos años.

Ciudades del agua: pabellón circular en el que vas subiendo por rampas y viendo imágenes de ciudades relacionadas con el líquido elemento. Demasiado grande y extenso para lo que muestra. Si no vais, no os perdéis mucho.

Oikos: El concepto general de Oikos nace de la idea de cómo disponer de energía ecológica, barata, para todos y con la que se mantengan cotas razonables de bienestar. Pabellón interesante que nos muestra que con energías no contaminantes con las que desarrollar nuestra vida cotidiana.

Pabellones de países:

Los países están divididos por zonas relacionadas con el agua. La única zona que vimos completa fue la de montañas.

Pakistán: primer pabellón de país que visitamos y probablemente el más triste. Solo había tienda, bar y un par de maquetas de presas y puentes, que chocaban con lo visto en el faro, pabellón del que procedíamos.

Andorra: último país que visite, en este pasado mes de febrero, pabellón pequeño, como el país, una maqueta de caldea, imágenes del principado y poco más. Hay una bici y unos esquís en los que al montar ves delante en un plasma un video como si fuera por las montañas de allí, pero quizá más destinado a los niños, al menos cuando yo lo visité, eran los únicos que hacían cola. Lo mejor del pabellón? La bolsa que daban, grande, resistente y útil para llevar el resto de propagandas. Además, les hacía buena publicidad, puesto que varias personas nos preguntaron por el pabellón de Andorra al vernos con dicha bolsa de tela.

Suiza: Mucha Eurocopa, mucho chocolate milka, pero el pabellón un poco triste. Al menos es refrescante el ambiente del que “disfrutas” sentado en unos neumáticos.

Austria: curiosa exposición que principalmente era una semicircunferencia que simulaba estos recuerdos que les das la vuelta y hay nieve flotando por el paisaje que contiene la bola. Para abrir boca, un par de guapas austriacas bailaban al ritmo de la música. Tras ello seleccionan a un par de voluntarios, a los que visten para la ocasión y les hacen bailar una polka a la primera y un vals al segundo, ante el descojone de sus amigos y familiares.

Italia: la muestra más extensa de la zona de montañas. Interesantes datos sobre los acueductos y los inventos de Leonardo relacionados con el agua mezclados con alguna novedad sobre el tema de la expo.

Afganistán: pabellón incompleto en exposición e infraestructuras, además sin sello para el pasaporte.

Nepal: basado en figuras de buda y una imagen del Everest, este local nos recordó al templo budista de Panillo, tan cercano a Graus y que tantas veces hemos visitado.



India: siguiendo la línea de los pabellones asiáticos, el lugar se basaba en una tienda y un restaurante, pese a ser más grande que el de Pakistán, todo se vendía y al fondo teníamos un comedor con los manjares del país.

Angola: tras ver los dos países asiáticos, este país asiduo de las olimpiadas en deportes de equipo, nos sorprendió para bien mostrando su lejano país como un destino turístico a tener en cuenta.

Rusia: ni rastro de la ensaladilla rusa. Tras subir una rampa con objetos a los lados, llegamos a un cine, que hablaba del agua en la vida humana. Después, mediante videos e imágenes de Moscú o San Petesburgo, hicimos el primer receso en el bar del pabellón donde tomamos unas cervezas, que ampliarán mi colección de etiquetas de cervezas con estas nuevas, que habrían sido imposibles de conseguir en España si no llega a ser por la Expo.

La anécdota de este día, se produjo mientras hacíamos cola en el pabellón de la madre Rusia. Mi hermana me hacía una foto con el logo del pabellón detrás, y en ese instante nos vino una tía con la camiseta de la Roja, nos preguntó si éramos rusos, evidentemente, le contestamos, que no. Tras esto vimos, que llevaba un micrófono de cuatro y el cámara esperaba tras la cola. Ambos buscaban rusos en la expo ante la cercanía del partido de semifinales que iba a enfrentar a nuestro combinado nacional con el suyo. Fue una lástima no verlo a tiempo, sino nos podríamos haber hecho pasar por rusos, hablarr un castellano plagado de erres, como en las pelis y si era en directo, al final saludar a amigos y dejar en evidencia a la reportera. Con lo que podríamos haber salido en Sé lo que hicisteis… y bueno, no pasó nada, así, que mejor que no me haga ilusiones.

China: teníamos de todo en el pabellón del gigante asiático, desde semillas de arroz de 12.000 años de antigüedad, hasta una báscula que nos mostraba el peso del agua que contiene nuestro cuerpo. Los chinos, muy previsores, tenían 2 sellos, el grande y el pequeño, para quien tenga pocos espacios en su pasaporte. Además, anunciaban una próxima exposición en su país, lo siento, pero la ciudad no la recuerdo.

Portugal: Extraño pabellón, que entrabas por el restaurante, seguias por la tienda y por fin entrabas a lo que realmente exponía el país vecino.Varias imágenes me recordaron mi visita a Lisboa hace un par de años cuando Fernando estaba de erasmus. Como curiosidad, había una copa de oporto, según ellos, la más grande del mundo, que no dejaban tocar, pero si recomendaban hacer fotos como las típicas de la torre de Pisa, en las que simulabas coger la copa.



Dinamarca: los daneses me defraudaron, pabellón triste y con poca cosa para ver. Además, la paredes estaban adornadas con unos carteles que rezaban lo siguiente: “Por favor, devolver los vasos en el bar. No están incluidos en el precio de bebidas. Se venden en la tienda. ¡Gracias!”… ver para creer.

Marruecos: Ya bien entrada la tarde y aprovechando la bajada del calor, nos dirigimos a la zona denominada Sol. Allí visitamos este pabellón, presidido por una foto del país marroquí, y que nos transportaba a los ambientes cinematográficos basados en oasis y en palacios musulmanes.

Túnez: similar al de Marruecos, también vimos señas a su casa real. Ofrecían en su bar, infusiones calentitas, vamos, lo que desea todo el mundo en estos días de solana

Hungría: este país centroeuropeo tenía entre sus muestras, algunos aparatos que funcionaban con agua como una especie de noria. Visitar pabellones con tanta tecnología con un ingeniero industrial y otras dos que más o menos lo son (ingenieras químicas), no es recomendable.

Bélgica: último pabellón que visitamos esta jornada y sinceramente, no me acuerdo muy bien lo que nos mostraba, porque uno no es de piedra y se resiente al final del día. Muchos textos, que no leí, una sala repleta de miniatomiums y un bar repleto de gente, que nos hizo ir a tomar algo a uno de los chiringuitos que nos esperaba en el exterior del pabellón.


Una vez vistos los pabellones, abrimos la sección de servicios de restauración.

Al recinto se puede entrar con comida y bebida, pero nos centraremos en lo que tenemos allí dentro. Como sucede en las fiestas universitarias, los vasos valen 1 euros y si los devuelves, te haces de nuevo con la moneda, pero vale la pena tener un vaso con fluvi en su diseño. Refrescos y cervezas, dos euros, eso sí, es Ámbar. Los bocadillos rondan los 3-4 euros en los chiringuitos que están repartidos por el recinto. Si queremos ir de menú de comida rápida, que fue nuestra opción, por 12 euros, bebida incluida, tenemos 7 u 8 menús para elegir. El italiano y el chino, son recomendables, sin embargo el mejicano, mejor que no lo cojáis. Sin embargo, en los pabellones de bastantes países hay restaurante con lo típico del país y si sois unos auténticos gourmets, podéis disfrutar del menú con precio que van entre los 20 y los 60 euros.

Debajo de la zona de montañas y África, hay uno de estos restaurantes de menús de comida rápida en los que comes bajo una catarata artificial, que te refresca mientras descansas reponiendo fuerzas para afrontar la tarde con energías.

Este sábado día 5 de julio, vuelvo a Ranillas, y la semana que viene, si Dios quiere, la segunda parte.